La última morada del Emperador Carlos V de Alemania
¿Qué llevó al hombre más poderoso de la tierra
a refugiarse en el Monasterio de Yuste?

El delicado estado de salud del Emperador, tanto físico
como anímico, y las fuertes depresiones que padecía, vestigios
quizás de la enfermedad de su madre, Juana I de
Castilla (Juana la Loca) hicieron que Carlos V
se planteara el traspaso de poderes a su hijo Felipe
y su retirada discreta a un lugar de descanso.
El acto oficial de la abdicación
en favor de Felipe II tuvo lugar en los Paises Bajos en octubre de 1555.
Un año después, Carlos V abandona los Países
Bajos e inicia su particular viaje hacia el Monasterio
de Yuste. La comitiva desembarca en Laredo en septiembre de 1556 y tras
recorrer toda la meseta castellana llega a Jarandilla,
donde se aloja en el Castillo de los Condes de Oropesa
(hoy convertido en Parador de Turismo).
El 22 de febrero de 1557 se traslada finalmente al Monasterio
de Yuste.

Durante su estancia en el Monasterio, numerosos personajes de
la Corte pasaron por allí para visitarle, entre ellos el propio monarca
Felipe II.
El 21 de Septiembre de 1558 moría
Carlos V en la que fue su última morada. Fue enterrado en la Iglesia
para, posteriormente, trasladar sus restos al panteón real del Monasterio
de San Lorenzo del Escorial (Madrid).
El Monasterio
de Yuste está situado en las estribaciones de la Sierra de Gredos,
en la comarca natural de La Vera (Cáceres), junto a la localidad de Cuacos
de Yuste. El convento actual se reconstruyó sobre las ruinas del
viejo Monasterio que sirvió de residencia
a Carlos V.
Actualmente el Monasterio de Yuste es un
importante punto de referencia por su significación histórica
y artística, además de la notable belleza
natural del entorno donde está ubicado.