El Convento de San Benito en Alcántara
De la fortificación original de la villa de Alcántara es visible
un lienzo sinuoso de muralla que, adaptándose a lo abrupto del terreno,
desciende por el norte hasta la misma cabecera del Puente. Hay un segundo recinto,
en lo más alto, que responde a las características de las alcazabas
musulmanas, donde se constituyó el convento-fortaleza de la Orden de
Alcántara.

Convento de San Benito
La situación de frontera de Alcántara,
así como el hecho de poseer el Puente, un paso obligado para vadear el
Tajo en muchos kilómetros, provocó la fortificación de
la villa durante la Edad Media, en tiempo de los musulmanes.
Los restos conservados son escasos, pero hay documentos que
atestiguan que tras la conquista cristiana y, sobre todo, entre 1439 y 1453,
en tiempos del Maestre Don Gutierre de Sotomayor, se introducen importantes
reformas levantando la llamada Torre Blanca, unos
aposentos, edificios de carnicería o una audiencia, y además se
amplió la cerca.
A mediados del siglo XV se construye el Convento
de San Benito, siendo desalojada la fortaleza por los caballeros de la
Orden. Este convento, que pasa a ser conocido como Convento Viejo, va deteriorándose
paulatinamente. Durante este siglo, Alcántara alcanza su mayor extensión.
Se realizarán numerosos palacios y edificios nobiliarios hasta conformar,
prácticamente, la superficie que mantiene la población en la actualidad.
Tras las peticiones de los caballeros de la Orden, y por encontrarse
en malas condiciones las estancias de la fortaleza, los Reyes
Católicos aprobaron en Toledo el 14 de Mayo de 1495 la construcción
de un monasterio para los de Alcántara.
La fachada donde se emplaza la portería fue reformada
en 1744 y carece prácticamente de elementos decorativos; pero su amplitud,
la abundancia de vanos y la calidad de la forja la sitúan entre las mejores.
Pasando al interior, se hace patente la restauración llevada a cabo por
Hidroeléctrica Española. Cerca de la entrada podemos ver un patio
pequeño, cuadrado, que tenía alrededor una galería volada
correspondiente al piso superior, sin columnas que lo sustentasen por debajo,
sino arcos rebajados y semibóvedas de grandes piedras.

Galería del Convento de San Benito
El claustro es bastante capaz, de planta cuadrada y estilo gótico.
Al piso inferior entra una luz que juega con las rasantes de los arcos escarzanos
moldurados de las ventanas y se enreda entre húmedas plantas formando
un vergel artificial. Charcos de aguas cristalinas entre laudes sepulcrales
reflejan las bóvedas nervadas con los emblemas y escudos de los Reves
Católicos en sus claves.
En este piso bajo es de destacar la capilla que mandó
construir Fray Luis de Villasayas, Comendador de Santibáñez. Es
de sillería granítica y bóveda con nerviaciones góticas.
Destacable también es una curiosa capilla abovedada,
que se introduce en el lado noroccidental del patio del claustro, conocida como
el lavatorio de los freires. En ella pueden
verse dos arcos abiertos contrapuestos y la pieza de alabastro que servía
de lavatorio de manos.
El refectorio, que viene utilizándose últimamente
como sala de congresos de la Fundación San Benito,
es de planta rectangular y en él se conservan aún los bancos corridos
de piedra, pegados a la pared, que servian de asiento a los freires en las comidas.
La cubierta la forma una curiosa bóveda moderna de ladrillos, con movimiento
ondulatorio.
El piso superior del claustro tiene una elevación menor.
Carente de decoración, pero lleno de armonía, en las pequeñas
ventanas de medio punto agrupadas de dos en dos, rodeando el patio. La parte
interior del corredor, con bóveda de ladrillos, perfila las jambas de
los vanos sin aristas, denotando un cierto arcaísmo románico.
La iglesia inconclusa de San Benito, dedicada a la Inmaculada
Concepción, está unida al ala meridional del claustro y fue construida
con posterioridad a la casi totalidad de todo el convento.
Su planta es de tres naves de igual altura rematadas en tres
ábsides de gusto románico en el exterior. El central es poligonal,
con un gran escudo imperial repetido. Los laterales son semicirculares con los
escudos del Comendador Santillán y del Comendador Ovando. Los tres forman
capillas separadas por arcos recorridos por una banda de decoración plateresca.
Las laterales son semejantes entre si, con un friso en la imposta con inscripción.
Bajo él hay pilares a modo de columnas estriadas apoyadas en una banda
esculpida al estilo plateresco, con decoración de niños, tritones
y centauros en inquieto movimiento, que, incluso, bajan por las columnas del
cuerpo inferior.
En el muro de la derecha, al lado de la puerta de la sacristía,
hay otra que da acceso a una hermosa escalera de caracol por la que se sube
a una tribuna donde se encontraba el órgano. La escalera, bello ejemplar
gótico, lleva un pasamanos resaltado en los sillares del muro cilíndrico
que la rodea.
La bóveda de la iglesia es de crucería con medallones
en las claves de los nervios, que se apoyan en pilares elevadísimos con
fustes adosados recordando los pilares cruciformes románicos. Las basas
son áticas y los capiteles se forman con molduras corridas.
En el ala este tenemos la más original del edificio,
conocida como la Galería de Carlos V. Las
columnas son de orden jónico y en las enjutas aparece repetido el escudo
de la Orden. Los ángulos son reforzados por macizas torres cilíndricas
con grandiosos escudos imperiales. La torre del sureste termina en un cono con
cardinas platerescas, al estilo de Rodrigo Gil, y la otra en un flamero sobre
casquete esférico. Esta última se une a la Sala Capitular con
un muro con hermosos vanos en los tres pisos y decoración renacentista.

Convento de San Benito. Galería de Carlos
V.
Esta fachada, que se abría a la huerta del convento,
sirve ahora de escenario al hemiciclo realizado ante ella, siendo ocupado por
los espectadores que asisten a los Festivales de Teatro Clásico que se
celebran en Alcántara.